En un espacio de salud la prioridad es distinta a la de una oficina o una tienda. Quien llega muchas veces llega nervioso, y el trabajo del espacio es bajarle el pulso antes de que pase a consulta. Eso no se consigue con decoración: se consigue con luz, temperatura de color y textura.
Se evitó el blanco puro —el del consultorio clásico—, que deslumbra y tensa, y se trabajó con una paleta de neutros cálidos y luz indirecta. En los planos que se tocan se usó textura natural: una superficie natural baja la frecuencia cardiaca, mientras que una imitación sintética genera desconfianza sin que uno sepa por qué.
Es la obra más lejana de nuestro portafolio y la primera fuera del occidente del país. El acompañamiento a distancia exige más orden en la documentación y en la supervisión, no menos.
El proyecto en imágenes


