Antes
El local que había
El salón ya operaba. No partíamos de un local vacío, sino de uno que funcionaba a medias: mostrador de triplay sin acabado, piso de loseta gastado y las instalaciones resueltas por fuera, colgadas del muro. El clima estaba puesto donde se pudo, con la tubería a la vista.
Nada de eso aparece en la foto de un negocio, pero se siente al entrar. Y en un local de calle, lo que se siente al entrar decide si la clienta vuelve.


Proyecto
Lo que se proyectó
La recepción se resolvió con un muro texturizado retroiluminado que ordena la entrada y da identidad al local desde la banqueta. En un negocio de calle, la fachada y los primeros dos metros deciden si alguien entra o sigue caminando.
La zona de manicura se separó por luz y materialidad en lugar de por muros. El espacio se siente amplio y continuo, pero cada estación conserva su intimidad: quien está ahí pasa una hora sentada, y esa hora tiene que ser cómoda.


Ejecución
La obra
La obra la ejecutamos nosotros. Se vació el local, se rehicieron las instalaciones hidráulicas y eléctricas por dentro del muro, y se levantó en sitio la estructura de la barra de manicura y de la plataforma de pedicura. El clima dejó de estar colgado: se le preparó un nicho.
Casi nada de este trabajo se ve en la foto final, y es justo el que decide si el local aguanta cinco años o empieza a fallar al segundo. Lo enseñamos porque es la diferencia entre entregar un dibujo y entregar una obra.




Construido · 2026
El resultado
El salón abrió y opera. La sala de espera y el área de pedicura comparten el mismo espacio sin estorbarse, separadas por un cambio de nivel en lugar de por un muro: entra más luz y el local se lee completo desde la puerta.
En arquitectura comercial el criterio cambia respecto a una casa. Aquí el espacio tiene un trabajo que cumplir: lograr que la clienta entre, se quede y vuelva. Todo lo demás se subordina a eso.



